Mariana Feride sobre el poeta Cristian Mihail Deac y su libro       

Alas de fuego en la boca del tiempo

 

Nada sin Dios

                       

           En tiempos de lujo, gente de lujo, en tiempos oscuros, luciérnagas sobre el cielo de la cultura. Todo va mano a mano, nada al azar y nada sin Dios. He vivido mucho, he conocido muchísima gente y he ganado experiencias en la misma medida. He encontrado gente que suma al carruaje de la propia vida, fortunas, propriedades de lujo, cargos inesperados, un sitio privilegiado en la sociedad y aun así, nunca están contentos y libres. Ellos nombran esto como evolución. Algunos, reciben en el corazón y en la carroza de la vida, gente. Gente con virtudes o sin, gente humilde o no, gente que se derrumbe a la primera respiración del viento y otra que regala el último aliento para salvar una vida. Una de estas personas que he tenido la gran suerte de conocer en mi vida es mi amigo, el poeta y sacerdote Mihail Cristian Deac. Justo por esta maravillosa amistad y para hablar de su más reciente poemario llamado Alas de fuego en la boca del tiempo, nos hemos reunido hoy, en este dia precioso.

Voy a decir pocas palabras sobre la poesía que alza el alma del poeta hacía la densidad de lo espiritual y dejaré espacio para una presentación detallada a las maravillosas poetas Ana Garrido Padilla, que ha tenido la deferencia de preparar el prólogo de este libro y a Isabel de la Cruz que concluye con un gran arte el trabajo del poeta, dándole el sitio que se merece.

Sobre el libro diré que es un libro profundo, que requiere mucha atención y que su flecha apunta hacia el corazón del lector. Un poemario que da una vuelta al mundo y penetra el tiempo y los tiempos, hacernos ver por sus ojos, historias y civilizaciones con sus costumbres y creencias. Hay un hilo rojo que acompaña este recorrido y es el único que permanece y alimenta el alma, la creencia. El ser humano, puede ser cruel, puede inventar maquinarias necesarias para manipular y conseguir poder y bienes, pero creo que es el momento de darse cuenta, quizás de sentir y admitir que hay algo más allá de lo que podemos comprender. Un algo supremo que contesta a toda pregunta si estas preparado para recibir la respuesta. Esta fuerza a quién nombramos como energia divina existe a lo largo de la historia humana y cada civilización le dio un nombre según la propia percepción. Las religiones apuntan cada paso y defienden las ideas de las que han nacido.

Nuestro amigo y poeta Mihail Cristian Deac ha nacido como ortodoxo, es más, es un representante de la iglesia ortodoxa pero nada y nadie lo impide indagar e intentar conocer más allá de dogmas y costumbres. En su poesia el misterio mundano se funde con su propia carne naciendo el misterio de la poesía

El silencio del agua cubre las sombras dice el poeta

 

En El aire de Xantafi, el poeta recorre y descubre el polvo que pisa, hoy convertido en asfalto y piensa en su propio comienzo dentro de su historia, ya sentada, y solo quiere crear sendas hacia su corazón porque solo así puede llegar a la esencia, la calma que define su alma.

¿Es Mihail Cristian Deac poeta? Pues, si, sus versos lo dicen claramente porque bajo su dulce mirada las piedras florecen, es más, el sabe también en qué momento.

Es este libro un enigma? No, aunque a todo paso hay misterio, el poeta desvela pétalo con pétalo hasta el fondo de la vida, se sienta allí, y despacio nos cuenta lo que siente;

nos enseña la luz desde la turbiedad, hace de una noche perdida de verano un canto del amanecer que lleva como rehén su propia risa destrozada.

Y porque nadie lo menciona, el poeta se siente casi obligado a advertir sobre la bala plateada que mata al despertar.

Mihail Cristian Deac es un poeta que llama a la paz, a la armonía y al amor

Yo soy parte de vosotros             y ustedes de mi                ...alma, corazón y vida.

Y cierra su indagación en lo terrenal de una forma única, y esa forma es el silencio absoluto en el que, en plena luz, se sientan las piedras de Brancusi.

Os invito a leer el poemario Alas de fuego en la boca del tiempo porque leyéndolo descubrimos un poeta exigente y valiente, un pensador que, con calma y bondad, descubre, se descubre y con generosidad intenta iluminar a su alrededor. Es grato saber que hay todavía gente que puede convertirse en luz en tiempos difíciles, gente que no pierde la esperanza y continua la lucha porque ¿no es así? todo va mano a mano, nada al azar y nada sin Dios.

 

                                                                      Felicidades, poeta, sigue disipando luz.

                                                                                                  Mariana Feride - poeta